Sea Bird 

2020

Historia

Si bien Sea Bird no es un proyecto que esté diseñado ni fabricado al interior del club, este proyecto surge desde la iniciativa de uno de los miembros mas activos de este grupo humano, Nicholas Cobb. Quien con su entusiasmo por la vela logró cautivar a más de algún navegante miembro de este club hasta el punto de llegar algunos a ser parte de la tripulación que lo llevaría desde Puerto Montt hasta la Laguna San Rafael. Aquí la historia que los llevó a navegar 1000 millas náuticas en un velero de 7 metros fabricado por ellos  con ni más ni menos que terciado y resina epoxica. 

Quinched

El verano del año 2020 Nicholas Cobb junto a Bastián Castro, ambos miembros del club CYUACh, zarparon desde Puerto Montt abordo del SeaBird rumbo a la laguna San Rafael. Esta fue una travesía en la cual navegaron poco más de 1.000 millas náuticas durante las cuales tuvieron que enfrentar varios inconvenientes. Para enfrentar estos desafíos la bahía de Quinched pasó a ser un refugio más que necesario. 

SeaBird es una embarcación de 7 metros con capacidad para 4 tripulantes.

Acabábamos de almorzar el típico arroz con atún a bordo, navegando una ceñida (obviamente) desde Quehui hasta Islas Desertores. El viento era de 8 kn, día soleado y la mayor estaba completamente izada. La idea ahí, era esperar viento norte y bajar cómodamente hasta Quellón (nadie se quiere pasar la vida ciñendo).

Decido entrar a la cabina a descansar y leer un rato, cuando de pronto entra un squall, comienza a granizar y súbitamente el viento aumenta su intensidad, además de cambiar totalmente su dirección… ahora navegábamos en popa. Nicholas le dice a Joaquín que si no tiene ropa para el agua mejor se quede dentro de la cabina. Cuando Nicholas terminó de ponerse la ropa miró los instrumentos y gritó “mira…tenemos 38 kn de viento vamos a 6.7 kn”, asomo por la escotilla, observo los 6.7 kn en la pantalla y de inmediato el mástil cede hacia adelante, teníamos mástil, percha, botavara y vela en el agua. Me visto con ropa impermeable el oleaje había aumentado, el velero se movía bastante.

Comenzamos a enrollar la vela en la botavara, mientras el velero derivaba lento, pero consistentemente… estábamos perpendicular a la ola, lo cual le agregaba un grado más de complejidad al asunto, además de que no queríamos encender el motor con cabos y cosas en el agua, es fácil acorbatarse en esa situación.

Nicholas cortó la driza, la cual era lo único que sostenía el mástil al velero. Una vez cortada, sabíamos que teníamos que hacer la maniobra de recoger todo lo mas rápido posible, para que nada golpeara el casco. Altos niveles de adrenalina, fueron de bastante ayuda para levantar todo de una vez, incluida la vela con una poza de agua en su interior, mientras hacíamos eso, en lo único que pensaba era en soluciones para reparar el mástil para seguir navegando. Una vez teniendo todo a bordo “ordenado”, encendimos el motor y tomamos rumbo hacia Quehui, con el fin de llegar a Quinched al día siguiente y reparar lo necesario