OMORA

2018 - 2020

Valdivia, Chile 

Oceánico categoría B

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Omora es un bote oceánico de 5 metros de eslora, 2.2 metros de manga y 1.8 metros de calado con capacidad para recibir a 4 tripulantes

Historia

Omora es un bote oceánico de 5 metros de eslora, 2.2 metros de manga y 1.8 metros de calado, tiene una capacidad de 4 tripulantes y está optimizado para rumbos abiertos y vientos en el rango más bien alto de la escala. Estas son las características más necesarias en las travesías que es probable  que encuentre, no es un bote para regatas de boyas y en cambio, su interior es relativamente “cómodo” (claro… guardando las proporciones), con dos butacas y 4 camas en las cuales uno queda “encajado”, la lógica de habitación interior es más bien minimalista como la de un auto o una carpa.

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Motivación

“Este es un diseño europeo, este en cambio, es un diseño chileno”.

Cuando una persona en este país y, en buena parte de Sudamérica, lee esa frase, casi puede imaginarse dos productos, uno bien pensado y sofisticado y otro de apariencia barata y mal acabada. Esta es una reacción automática, algo que hemos absorbido como una verdad absoluta, aprendida durante siglos de colonización. Enseñar ingeniería en un contexto donde esa frase es una verdad universal, es imposible: los alumnos no están tratando de aprende a pensar por sí mismos, están intentando por todos los medios copiar el correspondiente procedimiento, práctica o producto desarrollado afuera.

Esto tiene muchas desventajas, algunas personales, como la frustración de saberse un “profesional de segunda categoría” a nivel mundial, pero también tiene algunas más prácticas y cuyo resultado económico es evidente: Una vez que un ingeniero se titula y llega al mundo laboral, su primera reacción frente a un problema es “importar la solución”, lo cual es más rápido y más barato en el corto plazo. Los motores extranjeros son buenos, los sistemas informáticos extranjeros son buenos, las grúas extranjeras son buenas. Esta lógica va acentuando la división internacional entre países exportadores de materia prima, donde el nivel de ingresos y sofisticación técnica es muy bajo, y países desarrollados que cada vez se desarrollan más. Una opción -tal vez razonable y honesta- es cerrar las facultades de ingeniería y diseño de Chile y dejar de aprender algo que no podemos usar.

Otra opción es invertir en nuestro desarrollo, pero no solo en nuestro nivel técnico, que ya lo tenemos, llevamos décadas desarrollando ingeniería y hemos tenido muchos éxitos, sino en la confianza en nuestras capacidades y la voluntad de hacernos cargo de nuestros requerimientos técnicos. Esta última es nuestra posición.

Omora no es un barco, es un ejercicio, un concepto y sobre todo,

una aventura a la cual están todos invitados.

Proceso

El mayor mérito de este proyecto, sin embargo, no es el rigor técnico ni la calidad del resultado, sino el ejercicio de trabajo colectivo involucrado en su construcción, el barco es una herramienta pedagógica en el área de construcción naval e ingeniería aplicada y más aún, es una experiencia de trabajo en grupo y persecución colectiva de un objetivo común. Nuestras capacidades de liderazgo, cooperación, tolerancia al cansancio y a la frustración se vieron puestas a prueba durante meses, una y otra vez, y esta es realmente la materia prima de un equipo exitoso.

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El barco es una herramienta pedagógica en el área de construcción naval e ingeniería aplicada.

Un punto relevante de este proceso de diseño y de cualquiera que involucre desarrollo de ingeniería, es la elección de herramientas y métodos que permitan llegar a un resultado suficientemente bueno, en un tiempo razonable, bajo un presupuesto determinado. Uno podría hacer modelaciones de fluidos durante días y optimizar, sin ninguna duda, el casco, el quillote, los timones y las velas de Omora. O hacer análisis de cada detalle estructural que permitiría alivianar el barco tal vez otros 40 o 70 kilos… 

Con más tiempo o más presupuesto siempre se puede hacer algo más preciso, nuestra capacidad como ingenieros termina donde uno decida que la aproximación fue suficientemente buena, pero todo es refinable, infinitamente. Omora cumplió completamente nuestras expectativas, navega rápido, es ágil y su apariencia refleja la dedicación de cada detalle. En palabras simples, es un bote fantástico, y en Valdivia con Ayakou y ahora con Omora, nos estamos acostumbrando a navegar botes rápidos, bien diseñados y autoconstruidos.

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El astillero de la Universidad Austral es un espacio de los miembros, es un punto de reunión, es un centro deportivo y es la plataforma sobre la cual la creatividad y el deseo de colaborar y aprender de cada uno encuentra una manifestación física y palpable. Ellos fabricaron en Omora la pieza de ingeniería que todos imaginamos en conjunto y la cantidad de horas puestas por cada uno de ellos deberá ser motivo de orgullo por el resto de sus vidas. Durante meses trabajamos incansablemente, 12, 16 horas diarias, puliendo cada pieza, afinando cada acabado, o calculando y diseñando cada detalle. Es nuestra satisfacción la de ver en Omora una pieza de ingeniería que sirve de monumento flotante a la capacidad y dedicación de nuestros miembros.

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